¿Nos hace felices la tecnología?

Nos quita horas de sueño, nos soluciona la vida, nos ayuda con la gestión diaria, nos da dolores de cabeza… sí, la tecnología es como aquella alma subconsciente que juega dentro de nosotros y a veces es ángel y a veces diablo. Pero, ¿nos puede hacer felices la tecnología? Pues se ve que sí, y bastante.

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Y es que no podemos evitarlo. Cuando recibimos un correo electrónico, cuando alguien que nos gusta nos manda un whatsapp, cuando vemos un nuevo producto que deseamos tener (ya sea un ordenador o una lavadora)… sí, todo ello son ejemplos de como la tecnología influye en nuestro día a día y nos puede aportar felicidad. Pero OJO, porque esto también tiene una cara oculta, y es que si una cosa nos da felicidad, es lógico que cuando no la tengamos se produzca TRISTEZA. Si todo el mundo tiene algo que nosotros no tenemos o si ponemos una foto en facebook y nadie dice nada en un periodo medio de dos horas, estas cosas nos pueden causar frustración.

Más que el sexo

Aunque parezca -a priori- del todo imposible, debes saber que algunos estudios están demostrando que hay más impulso para acceder a redes sociales que no a la hora de practicar sexo. Suben unas generaciones que por lo visto pueden tener hasta orgasmos cuando reciben likes o feedbaks en sus redes sociales… y no sabemos del todo seguro como interpretar estos análisis, pues está claro que algo falla… pero por otra parte, ¿podemos evitarlo, a día de hoy? Quizá estén cambiando las formas de placer y aún no estemos concienciados con ello.

Más cerca de nuestros amigos y familiares

Una de las razones por las que se apunta que la tecnología nos aporta felicidad es por la relativa facilidad con la que podemos conectarnos con personas cercanas, ya sean amigos o familiares. Esto lo notan especialmente las personas que se han ido lejos por razones de estudios o laborales. El poder conectar una pantalla y ver a tus familiares es una sensación muy reconfortante que te hace sentir menos solo en lostech momentos difíciles.

Sea como sea, no debemos obviar todo esto. Hemos de ser conscientes de las posibilidades que se nos ofrecen y saber aprovecharlas al máximo como es debido.

Es decir, mirando los aspectos positivos que podemos sacarle y evitar a toda costa los peligros que se esconden detrás (y quien dice peligro dice dificultades o frustraciones).

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